El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Columna
Lobo de Mar Negro
Por Administrador el 17/06/2017 15:36
0
Armando Cortes
Siempre lo quise evitar. Sepan disculparme. Hablar de alguien tan cercano me produce una total vergüenza. Con el tiempo, lo supe asimilar. Analicé que sentimiento de vergüenza les debía pertenecer a otras personas. Quizás funcionarios públicos. Pero no dejo de sentir incomodidad. Lo sabrán lectores y más aún, redactores. Sepan también entenderme. Lo quise hacer en vida, porque no subestimo el paso del tiempo ni la voluntad de Dios. Es así que quiero contarles, del cuervo más representativo que quizás haya existido. Después de todo, sin tantas vueltas, pues su historia lo merece.  

El del medio. El tercero de cinco hermanos varones. Hijo de la gallega Estela Centeno y de Don Victorio Cortes. Hermano de Ernesto, René, Eduardo, Elio. Por calle Félix Uriburu  N° 75, zona del monumento Güemes, empezaba a gambetear un niño delgado, estatura media,  cabello ondulado, de mucho carácter. Jugaba de delantero y según las voces intimas pintaba para wing. Por ahí, algo de básquet en el club Güemes, pero le gustaba mucho más la pelota por el piso. Potrero que fuese, o mejor  detrás de las tribunas de Gimnasia y Tiro. Con los hermanos y un par de vecinos se armaba el picado. Luego empezaron a llegar los más destacados de la zona. Infernales en intensidad y calidad. Supieron decir que los amantes del futbol sabían descubrir allí los futuros diamantes del futbol salteño. También escuché decir que debías tener dos cosas, para entrar en ese sitio. Calidad y agallas.
 

A pasos del club millonario, todo indicaba que los destinos de la familia estarían allí. Pero don Victorio pertenecía a la clase obrera, del ferroviario, del tipo que sudaba yendo y viniendo en bicicleta para traer el pan a casa. Es así que de la grasa y el aceite, se solía manchar de negro. Tanto negro que se metió en la sangre. En la médula. Central Norte fue inicio y fin, por orden y elección. Armando Cortes llegó al club como uno de los pichones que estaban bajo la guardia del verdadero equipo de los sueños. Eran finales de la década del 60 y los planetas se alinearon en el club. Pues ganaban año tras año, y se imponía un estilo, un sello que quedaría por siempre. Encina, “Petiso” Morales,  Dávila, Sueldo, Degüello Gómez, “Conejo” Cortes, Rene Cortes, Avila, Sandez, Nieva y Cia. La bohemia de pronto puso fin a esa camada.


De wing paso a volante derecho y ya en primera lo necesitaron de defensor. Un tiempo de central derecho y más que nada, lateral derecho. Se fue afianzando en la posición hasta hacer de su imagen, un tipo fuerte, intenso, agresivo. Había que reinventarse para detener a Bustos, “Motoneta” Gómez,  Marco, Alzamendi, Kempes, Poy, Más, Marzolini, Bochini,  Maradona. Ya en la década del 70’ supo liderar la banda con Eduardo, “Rolo”, los “Melli” Castillo, Palavecino, Confesor, Benito, “Maravilla”, “Balita”, Costello, Sassone, “Zorro” Sánchez, Cardozo, Sabino, Marinoff, Hairala, Luñiz, Lopez, Varela, Buldurini, Martinez,  Tapia.


“Armando estaba hecho para Central. Se hizo conocer por ser un tipo duro, pero tenía una gran técnica, le pagaba con un fierro a la pelota. Tenía unos huevos tremendos, iba al frente, era ganador. Un tipo de perfil bajo, muy frontal, que se hizo querer por su gran honestidad y por defender siempre los intereses de los jugadores con los dirigentes. Él se encargaba de pagarnos cada centavo que merecíamos. Yo lo considero mi amigo hasta el día de hoy”. Martin, “El viejo” Lopez.

“Con “Lobo” iba a la guerra. Nunca te fallaba. Un temple de la gran siete. Admiro su fidelidad. Lo vinieron a buscar de Zapla, en ese entonces el equipo furor, estuvo a punto en Huracán de Parque Patricios  y siempre quiso quedarse en el club. Seguro que por su manera de ser, no te lo va a decir pero debe ser el tipo con más partidos y único jugador que tuvo logros importantes  y jugó solamente en Central Norte.” Miguel “Maravilla” Rodríguez.


“Una vez, sentí el ruido del alambrado, en cancha de Juventud Antoniana. Luego vi que un jugador rival reposaba sobre la pared, pegada a la raya. El mismo jugador, se levantó y se fue a jugar, del otro wing. Por donde marcaba yo. Solo atinó a decir: nunca pensé tenerle “cagazo”  a alguien… Armando, es como un diablo, un lobo.” “El Zorro” Sánchez contaba una anécdota en un clásico final.

Pasaron los años, y aun su mente siguió siendo redonda. Su vestimenta negra. Su juguete la pelota. Formó su familia junto a Mirta, tuvo cinco hijos, Daniel, Maria Eugenia, Maria Inés, Nicolás, Juan. Mientras jugaba, fue de los pocos que a la vez aceptó trabajar. Fue empleado de la Dirección General de Rentas de la Provincia por casi cuatro décadas. Se jubiló a principios de  año. Solía discutir sus impulsos, costumbres, sus modales conservadores. De todos modos, desde niño, lo observé con atención. Admiré su amor por la familia, el recuerdo constante de sus padres, sus orígenes, el placer por la comida casera, la obsesión por los dulces, adulación por Pantaleón y  Los Cantores del Alba. Aun me cuenta con mucha emoción,  de la epopeya en La Rioja, en el 74’, para ascender al Nacional,  con un Portezuelo colapsado de hinchas cuervos.

Todo el tiempo respira futbol. Fue apasionado y por ende futbolista. Lo siente aun. Se mira los partidos y los repite y los vuelve a repetir. Delira con Kempes. Se asombra con imágenes de Romario. Sobreprotege a Messi. Defiende la teoría que el pasado fue mejor. En pocas palabras, te cuenta lo mucho que vivió. Le cuesta hablar en primera persona. Prefiere el anonimato. Es modesto, es pasional, tiene miedos, se deja llevar por la intuición. Pasa por el club y siente que rejuvenece. Me dice que es su casa. Recuerda a al “Fantasma” Sabino como el mejor cabeceador que pudo ver. A Benito y Eduardo los más talentosos. A “Maravilla” y “Bala” como letales. A Natalio Berardo como un ser humano inolvidable. Anécdotas varias de “La Negra Carnaval”, Emilio Cantarero, “Ramonera” Apaza, Marcelo Arancibia, “El viejo” Villanustre,  Bruno Celeste. No lo demuestra, pero cada derrota de Central es un puñal. Cada triunfo, una sonrisa. Recuerda a cada compañero de equipo con mucho cariño. Agradece a Bruno Iezzi por las enseñanzas humanas. Muy amigo de sus pocos amigos como Carlos Barboza y confidente de su hermano Eduardo, como su mellizo,  su mejor compañero de vida.


Por momentos parece calmo, pero no es su esencia. Se levanta, camina. Observa jugadores juveniles  detrás del alambrado de la Liga Salteña de Futbol. Dialoga con su sobrino Aldo. Los sábados concurre al Complejo Confraternidad, luego dirige un equipo de Contadores en La Loma. De reojo, observa a su hija, como parte de su piel. Conoció el dolor, la tristeza, la pérdida. Supo derramar demasiado llanto. Tiene cicatrices de ser padre de hija enferma psiquiátrica. Se ahoga y vuelve a flotar. Parece desangrarse hasta que se habla de futbol. De Central Norte. Extraña a sus padres, a su hermano René. Pregunta por Marcelo. Vive  pendiente de la salud de “Conejo”, su hermano mayor. No lo pronuncia, pero ama en exceso a sus hijos, a los hijos de sus hijos, a sus sobrinos,  a su esposa, mujer  genial de libro aparte.

Saben llamarlo “Lobo”, “Diablo”. Quizás, dentro del campo lo haya sido. Tal vez, quiso ser siempre fiel. A imagen y semejanza de Central Norte. Pero fuera del campo, un cordero. Un corazón de porcelana. Habrá sido jugador por casi dos décadas, luego fue entrenador, colaborador. Con el tiempo, tomó  distancia. Pero muere por volver a ducharse bajo los grifos de agua fría de la Av. Entre Ríos. A patear centros justo frente a la iglesia. “¿Sabes cuantas veces crucé  las vías, llegué al club con frio, lluvia, barro? Un día estaba Don Roberto Romero, y me dijo que íbamos a ser inmensos. Quiero que sepan los hinchas que lo intentamos. A Boca a Independiente, a Rosario Central, a quien fuere, le  íbamos de frente. A cara de perro, mano a mano. Local o visitante. Moríamos en la nuestra. Tan mal no lo habremos hecho, porque aún sigo sintiendo a la gente murmurar nuestros nombres.

Mientras recuerda a todos los soldados que ya no están, sigue con la esperanza que algún día, Central volverá a los primeros planos. Nombra con afecto a rivales, se entristece por la muerte de cada futbolista, sea del club que sea.  Sigue despertando a las 6 am y acostándose a las 22 pm. Como si jugara mañana. Come poco, intenta trotar.  Añora ser convocado por el técnico de la primera. El futbol  siempre fue su combustible. Le hubiera gustado que sea el mío. Me disculpo por tan incontrolable rebeldía.  Nos miramos a los ojos con admiración mutua y mucho respeto. No habla mucho. Escucha en cantidad. Sigue al cuidado de su hija, a cielo y tierra. Como todo cuervo, nunca abandona. Perdona y con paciencia sigue la ruta. Habré de amarlo por padre presente, por futbolero apasionado, por  convicciones y gustos afines. Es este mi  pequeño tributo, por su cariño incondicional y por  haberme llevado a  bendecir  eternamente en aguas de mar azabache.    
Por Nicolás Cortes
UNAHISTORIA
COMENTARIOS
Cargando encuesta...
ÚLTIMO PARTIDO

Central Norte

Bella Vista
Federal B 2017
POSICIONES
#
Equipo
Ptos
1
Central Norte
40
2
Aguilares
28
3
Sportivo Guzman
27
4
Progreso
22
5
Brown
22
6
Bella Vista
22
7
Concepcion
21
8
Atletico Amalia
17
9
Lastenia
16
10
San Antonio (T)
12