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Columna
Una historia, el Gladiador
Por Administrador el 12/04/2018 18:35
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Lucho Macchi, en la pluma de Nico Cortes
Era una tarde de verano. Si no era lunes seguramente fue un martes. Son los días habituales para empezar esas fatídicas pretemporadas. Esas sesiones de entrenamiento donde solo las disfruta una sola persona en todo el inmenso club. Ese ser tan odiado expresamente y tan amado desde el silencio mucho tiempo después. “El profe”. El preparador físico. Son necesarios, son obligatorios, son muy importantes, pero debo aclarar que nunca los agendaría ni mucho menos los incluiría en el grupo de amigos. Menos aun cuando esconden las bolsas de pelotas, te quitan los botines y te presumen esos conos naranjas y demás accesorios de atleta olímpico.  

No era la idea matar al profe pero debía aclararlo alguien que siempre corrió menos que el árbitro. En esa tarde, de pocas sonrisas y muchas caras desconocidas, el Club Atlético Central Norte comenzaba una pretemporada más.  Y como siempre había rostros conocidos, y también numerosos refuerzos traídos por el técnico, por los dirigentes, algunos recomendados por teléfono o por el canchero y otros desvergonzados buscando el sueño del chango.
 

Por audacia y atrevimiento de Rolando Jesús Castillo, tanto yo como algunos compañeros de divisiones menores como Máximo Guaymas, Gustavo Vásquez, “Cocola” Delgado, Juan Castillo, nos alistamos en ese grupo de pocos profesionales y muchos amateurs para formar antes de que empezara el torneo, la lista de jugadores de la primera división. Mientras miraba con admiración y vergüenza a muchos de los cuales saltaban al campo los domingos por la tarde, hubo uno que me inhibió. A decir verdad, acababa de ver las pantorrillasmás grandes, anchas y fuertes de mi vida. El tipo que las llevaba, parecía ser el prototipo del club. Esa forma de correr, de jugar, de ser.  

Centro de Javier “Gasuso” López  y el defensor con pechera número seis despeja de cabeza desde el área chica hasta la mitad de la cancha. ¿Me explico? movimiento de cuello adjuntado a un salto explosivo, en el aire movimiento y giro, impacto con el parietal y el balón desde el golpe inicial recorre cincuenta metros sin detenerse. Centro desde el otro sector, José “Pelao”Guarnieri de derecha y el hombre reitera el mismo movimiento como si fuese tan simple como respirar. Con yuyos en la boca, sin mediar palabras quedaron Nico Castillo, “Balita” Aguirre, “Coqui” Aguirre, “Nino” Aguirre, MartinMartos, Pablo Ramos, Martin Ramos, Fernando Yapura y demás.
 

Tenía la sensación que era generación de gladiadores. De esos luchadores romanos que parecían inmortales. Un físico privilegiado, muy fuerte, ágil, aguerrido, tenaz. Lo sabían todos, pero dentro de sí mismo tenía ese plus determinante para el éxito. Luis “lucho” Macchi era de esos tipos de nobleza extrema. Recuerdo que al saludarlo, fue él quien se avergonzó. Quiero decir, modestia aparte. Humildad en el sentido total y correcto. Dentro del campo lo más similar a un sicario. Marcador central, a veces lateral, gran juego aéreo. Muy temible. Callado, frio y caliente. Intenso.  

Era evidente que pronto daría el salto. Interesados todos los clubes del norte argentino, se decidió por Gimnasia de Jujuy  para jugar en su momento de apogeo. Ahí donde las venas de los gemelos explotaban y saltaba más que nada y nadie. Luego recorrió clubes de su Jujuy natal. Pero siempre perteneció a la raza negra,tenía genes azabaches desde el cabello hasta sus pies. Quizás no le toco noches de glorias, tal vez no estuvo en los momentos inolvidables del club, pero había dejado una huella. Me lo recordaban a diario muchos excompañeros, amigos, conocidos futboleros. Que pasen los años y hablen de tu silencio, de tu carácter ganador, de tu sencillez humana, es el premio más gratificante que ningún título pueda alcanzar.
 

También sabrán lectores que como todo tipo de perfil bajo, modesto y honrado no gritará auxilio ni pedirá favores. Pero sé que no está en un buen momento. Su pasar no es el ideal, y aguarda las plumas de algún cuervo generoso para poder volar. Quizás este sentado en algún cordón jujeño, recordando sus pasos por el túnel cuervo, sintiendo temblar la bombonera y dispuesto a derramar sudor y sangre por el club de sus amores. Tal vez esta por  allí, un gladiador muy digno con mate en mano, e hijos en brazos, esperando que le devuelvan la otra mano.
Por Nicolás Cortes 
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