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Federal B
Una tarde épica
Por Administrador el 10/12/2017 16:51
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Drama. Tormenta. Alegría
Pasó una tarde que dejó de todo. Digna de una historia de película. Central en su casa, con una desventaja de 2 a 0 ante un rival que le ganó cómodamente en el partido de ida. El panorama no era el mejor. 
Muchos cambios y el equipo fue a la guerra, a dejar todo. Un gol tempranero fue la primer emoción para dar paso a la ansiedad, mientras el cielo se ponía tan negro como el color de nuestra querida camiseta. 
La gente eufórica miraba al cielo para pedir por el segundo gol, mientras agitaba incansablemente a los jugadores. El cielo parecía contestar con las primeras gotas que luego se convirtieron en un verdadero diluvio. 
La tormenta fue un disparador. Un disparador que convirtió en locura total al Dr. Luis Güemes. Los Cuervos convirtieron el aliento en verdaderos gritos de guerra. La Iglesia sobre calle brown se horrorizaba del pandemonium que se había apropiado de Barrio Norte. 
El campo de juego era ahora un campo de batalla. Y como en toda historia épica, debe aparecer el héroe, quien primeramente fue un pibe del Club, uno de nosotros, un Carancho más; apareció Chicho Rojas y el sueño estaba, ahora sí, más cerca. La pelota se acercaba al gato Pérez mientras una resolana aparecía luego de la tormenta. Como un mensaje del más allá. Como una respuesta. 
Puntano se lesionaba y entraba la ambulancia. Sus piernas golpeaban el césped mientras los jugadores agitaban los brazos para que entre la ambulancia. Willy salía del campo y miraba desafiante al banco de suplentes diciendo: "de acá no me voy". Ya lo habíamos visto al Bobby Armella salir también ensangrentado. Ahora con una venda en la cabeza. 
En los penales, como en el partido contra Talleres de Perico, atajaba Mariano Maino. Héroe y Villano. Tenía la camiseta de Central, había que apoyarlo. 
La serie de penales terminaba con el pateando el quinto y atajando el último de Pellegrini. Los miles de Cuervos, empapados de lluvia y de alegría, veían al cielo despejarse. La tormenta se iba para el sur. Todos se abrazaban. Los jugadores, hinchas. Pasaba una batalla más y se agradecía la chance de vivirla ahí, en nuestra casa. Con los nuestros. 

Fotografía: Leandro Herrera
FEDERALB
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